Es el momento de contar la historia de Hynreck el Héroe. Bastián lo encuentra junto a sus tres guerreros y amigos de camino a la ciudad de Amarganz para participar en un torneo. Está obsesionado con ser el caballero más osado para así recibir la atención de la princesa Oglamar, que solo tiene ojos para los más heroicos.
Bastián, gracias al Auryn y a la espada Sikanda lo humilla; luego, para intentar arreglarlo inventa para él un terrible dragón al que debe vencer, Smerg. Lo consigue y recibe el amor de su princesa, pero en ese momento Hynreck decide tomar otros caminos jamás contados. Ser un héroe y la valentía debe medirse de otro modo.
Pues esta mañana el protagonista de esta historia aparece y nos declama lo siguiente:
Soy Hýnreck el Héroe. Vengo de parte de Atreyu a invitaros al Torneo de la Ciudad de Plata, el más famoso de toda Fantasía. La verdad es que la última vez que participé en él terminé un poco humillado y en calzoncillos. Bastián con la espada Sikanda me dio una buena lección. Pero de todo se aprende.
En este torneo, organizado por el Anciano de Plata, participan los héroes y las heroínas más audaces, los guerreros y las guerreras más valientes. En el fondo, no se trata de un torneo donde los contrincantes se hacen daño. Una de las reglas del juego es demostrar lo limpiamente que uno combate y cómo sabe dominar su violencia. Nadie debe dañar al contrario.
En recuerdo a mis amigos, vuestros grupos usarán sus nombres: Hykrion, el fuerte, Hýsbald, el ligero y Hydorn, el duro. El principal reto del torneo es controlar vuestra fuerza y ser respetuosos con los contrarios.
Por la princesa Oglamar y el dragón Smerg, os deseo ¡suerte!
Y nuestros comerrocas, diminutenses y silfos nocturnos participan con alegría y deportividad en este torneo en el que deben enfrentarse a distintas pruebas.
Carreras montados en unicornios inflables de carácter indómito.
Lances en los que montados en caballos churreros deben ensartar con las lanzas una anila antes que el contrincante.
Peleas con grandes mazas en la que deben atinar con el trasero del guerrero al que se enfrentan.
Tiro con arco para demostrar su destreza y puntería; donde ponen el ojo ponen la flecha.
Lanzamiento de tarugos para derribar huesos de dragón, donde se combina habilidad y fuerza.
Manejo del escudo para detener bolas de cañón.
Tras el torneo, un merecidos descanso y luego un buen refrescón, que bien se lo han merecido.
Carreras con esponjas, vasos, fregonas, equilibrios húmedos y un buen baño de espuma.
Iniciamos así una nueva semana en la que aprenderán a hacer nudos, maizfudnnes, a crear muñecos de esparto, piedras de chocolate, imaginar la Mano Vidente y elaborar un Fuyur volador. Pero son otras historias que las contaremos en otra ocasión.
En Fantasía los viernes también son días especialmente trepidantes. Ni el calor, ni el cansancio, ni nada de nada (que la nada aquí está muy mal vista) detiene nuestro frenético ritmo.
Tras leer las libretas viajeras y finalizar los dibujos de los Ayayais y de su "divertida" metamorfosis, tenemos una extraña sorpresa. Aparece, vestida de clown y con unas pequeñas alas, una polilla payaso, también llamada Schlabadffo. Y nos dice lo siguiente:
Vaya, vaya, vaya. Si resulta que hay fantasios más feos que los Ayayais. Soy una polilla payasa, un Schlabaffo. Estamos buscando a nuestro Gran Benefactor, al que nos salvó cuando éramos todavía ayayais, los seres (después de vosotros) más feos de Fantasía. Éramos muy desgraciados y nuestras lágrimas formaban el Mar de Lágrimas que rodea la ciudad de Plata.
Bastián, un humano apestoso como vosotros nos convirtió en estos seres tan graciosos, las polillas payaso. Pero estamos hasta la coronilla. Lo que nos hizo fue al principio muy divertido, pero ahora nos aburrimos mortalmente. Revoloteamos de un lado para otro y no hay nada que nos retenga. Ni siquiera podemos jugar a un verdadero juego, porque no respetamos las reglas. Decía que nos salvó, pero nos convirtió en bufones ridículos. ¡Nos engañaste, Gran benefactor!
Le pedimos que nos volviera a convertir en Ayayais, pero ni caso. Y cuando nos lo íbamos a llevar volando como el General de las polillas payaso vino un dragoncito de la suerte y se lo llevó volando.
Nos hemos enterado que hay nuevos humanos en Fantasía. Pues veréis, si os ponéis en nuestro pellejo y hacéis el payaso como nosotros, nos sentiremos mejor y os dejaremos en paz. tal vez nuestra vida tendría un sentido, alegrar a la gente. Pero si solo os reís de nuestra estupidez y no nos valoráis, vendremos zumbando y os llevaremos por el aire.
Y como no deseamos formar parte de esta banda de alocados insectos coloridos, les honramos haciendo el payaso con ilusión.
Realizamos figuras circenses de acrosport, demostrando la habilidad del ágil y la fuerza del portor. Imitamos así las piruetas y locuras de esta pandilla.
También nos pintamos las caras unos a otros y realizamos distintos retos propios de los mimos. Jugamos a colocar el muñeco, a manejar la marioneta de hilos o a construir una máquina de autómatas. Y sacamos nuestra carcajada más dulce con los tortazos de nata.
Por último, nos colocamos una roja nariz de payaso y realizamos juegos en movimiento donde ponemos a prueba nuestra expresión corporal. Además, intentamos hacernos reír unos a otros.
Al finalizar todas estas divertidas bobadas, cada grupo realiza la danza de los Dementes.
Cuando Atreyu caminaba por el País de la Gentuza, vio danzar a los dementes que se dirigían sin voluntad hacia la Nada.
La extraña música se acercó despacio y, finalmente, surgieron de la niebla las primeras figuras. Evidentemente bailaban, pero no con un baile alegre o gracioso, sino que daban saltos con movimientos sumamente extravagantes, se revolcaban por el suelo, se arrastraban a cuatro patas y se comportaban como locos. Lo único que se oía entretanto era el sordo y lento golpear del tambor, los agudos pitidos y un gemir y jadear de muchas, gargantas.
Cada vez eran más: una comitiva que parecía no tener fin. Atreyu observó los rostros de los danzantes, que eran grises como la ceniza y estaban inundados de sudor, aunque sus ojos ardían con un brillo salvaje y febril.
Nuestra danza es alocada pero tan espeluznante.
Las polillas payaso deben estar satisfechas ya que no han vuelto a aparecer. Y tras merendar, nos damos un buen refrescón.
Nos ponemos el bañador y la manguera hace de las suyas. Y luego, la locura de la espuma.
Y regresamos a el mundo real para pasar el fin de semana. Bueno será reponer fuerzas por que el lunes nos espera Hýnreck el Héroe. Pero esa es otra historia que será contada en otro momento.