En el segundo día de esta aventura vuelve a despertar nuestro gran Cíclope. Nos anuncia de este modo que de los cantos de la Odisea se escaparán algunos personajes.
Aparece Ulises y Penélope discutiendo. El héroe no es paciente y quiere saber si lo que ha vivido es verdad o fruto de su cabeza transformada por las batallas. Pero Penélope le pide paciencia.
Lo que tienen claro es que los aqueos y aqueas deben conocer aquella desventura por el mar Egeo. Ulises insiste que la mejor manera es que escuchen a un cosedor de cantos, un narrador de los versos de este viaje; Penélope insiste que lo más adecuado es que lean el poema épico.
Cuando se enredan entre el leer o el escuchar, aparece Telémaco y les dice que ni una cosa ni la otra. Que para aprender este viaje lo que deben hacer es jugar. Y eso es lo que hacen.
Comienza el gran juego del Viaje de Odiseo en un enorme tablero. Las tres tripulaciones buscarán vientos y fortunas favorables para llegar desde Troya a Ítaca. Intentarán caer en las casillas que les hacen avanzar y evitar aquellas que les entorpecen la travesía.
Tras este divertido juego animado por sus protagonistas, llega el momento de la merienda y los juegos libres. Algunos se divierten con los chinos, otros con las piezas de madera o trepando al moral. Algunos se acercan a darle la merienda ala cabra Jara y otros se dedican a las ranas. Ya sea con la puntería en un juego o acercándose a charcos temporales a la vera de los ramales de las acequias.
Tras estas quimeras nos ponemos a hacer unos talleres. Preparamos unos colgantes llenos de cuentas de madera con una chapa donde reza "Menuda Odisea".
También elaboramos el juego de mesa con el que nos hemos divertido pero en tamaño reducido para que lo podamos llevar a casa.
Y así finaliza el día al que añadimos un refrescón y la sabiduría de Telmo el contador mitos.
Lo último que hacemos en las asambleas finales es ver las libretas viajeras.























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