Del mismo modo que Odiseo llego a las costas de Ítaca, esta aventura llega a su fin. Pero todo final es un nuevo comienzo.
Hoy el gran Cíclope despierta, esta vez por última vez. Al instante aparecen Penélope y Odiseo.
Hablan entre ellos, hablando de sus viajes. Odiseo se da cuanta que lo que ha vivido no es realidad y no fruto de su trastornada mente. Pero aunque la tripulación guiada por Penélope ha llegado a las mismas islas y conocido a los personajes con los que se enfrento su marido, lo vivido por ellas ha sido totalmente diferente.
Cuando Penélope se marcha con el hacha abandonado por Odiseo, el héroe nos habla de su gran amigo, del único que le reconoció al instante a pesar de ir disfrazado de mendigo, de su fiel perro Argos. Describe con tristeza como Argos tras alegrarse por el retorno de su amo, murió agotado por los años.
En su recuerdo realizamos una simpática manualidad. La cabeza de un perrito que al alzar las orejas nos saluda.
Luego la esperada merienda compartida. Agradecemos a las familias que nos hayan invitado a tan delicioso manjar. Gracias por seguirnos el rollo de esta manera.
Y tras unos bailoteos, bicho bola y ornitorrinco incluidos, envasamos la mermelada de pera, decorando el bote de vidrio y colocándole su debida etiqueta. Y nos tomamos los polos que preparamos en el taller de Euriclea.
También preparamos una hoja para recogernos las firmas en las que pegamos nuestra tablilla de hospitalidad y una sopa de letra que contiene los nombres de los protagonistas de la Odisea. ¿Os animáis a encontrarlos todos?
Y cuando nos estábamos marchándonos aparecieron dos nuevos personajes. Primero Homero que nos agradeció que hubiéramos aprendido la historia de las historias. Y nos presentó a un futuro escritor que siglos más tarde narraría otro cuento fantástico. Con acento inglés nos contó lo siguiente:
Soy Rudyard Kipling y de chico fui un niño entre dos mundos.
Nací en la hermosa y colorida India en el año 1865. Quienes me cuidaban me contaban cuentos maravillosos sobre animales mágicos y leyendas del lugar. De ahí nació mi enorme amor por la naturaleza y la selva. A los seis años, mis papás me enviaron a estudiar a Inglaterra. Al principio estuve muy triste porque extrañaba los paisajes y el clima de la India, pero me refugié en los libros y descubrí que me apasionaba escribir.
Cuando crecí me convertí en un intrépido viajero. Regresé a la India y me convertí en periodista. Viajé por todos lados buscando noticias, conociendo a exploradores y lugares y gentes increíbles. Todo lo que veía lo apuntaba en mi libreta para después transformarlo en cuentos. Uno de ellos fue el libro de la selva, donde un niño llamado Mowgli vive algo parecido a Odiseo.
Tanto Odiseo como Mowgli se encuentran atrapados entre la tentación de una vida salvaje y su naturaleza humana. Y ambos dependen de la inteligencia y el ingenio para sobrevivir. A Odiseo le ayuda Atenea y para Mowgli el oso Baloo y la pantera Bagheera asumen el rol de maestros.
Os deseo un año lleno de aventuras y buenos maestros que os ayuden a crecer. Y el verano que viene os invito a vivir un verano al lado de Mowgli y sus amigos. Os esperamos en Expedición Mowgli: el verano más salvaje.




















































































