lunes, 7 de septiembre de 2026

Los juegos atléticos y el boliche Caribdis.

En la recta final de este verano de aventuras, se incorporan a Veguítaca Sirin y Eugenio. 

Hoy intentamos empezar bajando las revoluciones contando un un relato escrito en las estrellas, el de la azarosa vida de Orión. Pero los biorritmos hoy fueron indómitos. 

Pronto apareció Alcinóo, rey de los Feacios y señor de la isla de paradisiaca isla de Esqueria. Tras contarnos como hizo gala de su hospitalidad acogiendo a un pobre naufrago que luego resulto ser el héroe Odiseo, nos invita a participar en sus famosos juegos atléticos. 

Y tras aclamarlo, quemamos energías participando en las distintas pruebas. Pero nuestras pilas hoy eran premium. 

Participamos en el tiro con arco. Había que atinar en la diana, pasar la flecha por el aro y hacer puntería en el cubo que un temerario puso en su cabeza. 

También lanzamos discos y bolas, poniendo a prueba nuestra fuerza y habilidad. 

Por último lo dimos todo en distintas carreras de relevos; parecía que llevásemos en nuestros tobillos las alas de Hermes el mensajero... no os exagero.

Tras los juegos atléticos en los que prescindimos de la prueba de lucha (ya hay demasiadas fuera de Veguítaca), repusimos fuerzas con la merienda. Aunque hoy traían de casa el deposito a tope. 

La propuesta de taller se la dedicamos a Caribdis, el remolino devorador de barcos. 

Con un vaso de cartón y un corcho, hicimos un boliche muy particular. En este juego tradicional el vaso decorado con naves hundidas representa a Caribdis y el corcho a una nave en peligro. 

El juego consiste en atrapar el corcho unido al vaso por una cuerda con movimientos no carentes de gran maestría. 

viernes, 4 de septiembre de 2026

Alcinoo, Eumeo, Laertes y Euriclea.

A estos personajes de la Odisea dedicamos las actividades que a continuación os contaremos. 

Alcinoo, rey de los Feacios, era muy aficionado a los juegos atléticos. En este taller nos ponemos a jugar con las páginas de este poema épico. 

En esta ocasión afinamos la puntería intentando atinarle al ojo de nuestros divertidos cíclopes. También intentamos hundir la flota de los aqueos de Odiseo como si fuésemos Lestrigones enojados. 

Nos acordamos de Caribdis y Escila. Estos aros cooperativos con los que capturamos a los barcos nos recuerdan a ese torbellino implacable que se tragaba a las naves que se acercasen. Y para que las seis cabezas de Escila no devorase a nuestros marineros, jugamos a estas carreras de naves. 

Nos acercamos al huerto de Laertes, el padre de Odiseo que dedica sus últimos años de su vida a la tranquilidad de su pedazo de tierra. 

Conocemos el rincón del compostaje y las lombrices de tierra. Y olemos las distintas aromáticas del huerto (romero, salvia, orégano, hierbaluisa, tomillo....).

Recogemos algunas berenjenas y los más intrépidos prueban los rojos y picantes pimientos. 

Nos acercamos al azufaifo y recogemos sus saludables frutos. El azufaifo (Ziziphus lotus), también conocido como jinjolero o dátil chino, es un árbol o arbusto pequeño y espinoso que produce un fruto comestible llamado azufaifo. Su alto contenido de vitamina C ayuda a combatir infecciones. Y reduce el estrés y mejora el sueño.

En el Canto IX de la Odisea, Odiseo y sus hombres llegan a las costas del norte de África, al país de los lotófagos. Aunque los griegos usaban la palabra lotos para referirse a varias plantas, los historiadores y botánicos sostienen que el "loto" homérico era en realidad el azufaifo silvestre.

Y disfrutamos de los animales del corral del leal porquerizo de Odiseo, su amigo Eumeo. Los conocemos y les damos de comer. Recogemos los huevos de las gallinas. 

Destacamos el valor de los animales domésticos y la necesidad de que su crianza no sea una crueldad. Aprendemos de las gallinas, los patos, la oca, los conejos y la cabra Jara. 

Y para finalizar os contamos que hemos prendido de la cuidadora de Telémaco y Odiseo, la anciana Euriclea. En su taller nos dedicamos a cocinar.

Hacemos y nos comemos un saludable y rico postre griego, el yogurt griego con miel y nueces. 

La principal diferencia entre el yogur normal y el yogur griego tiene que ver con su proceso de filtrado, la textura resultante y el contenido de proteínas. El yogur griego se escurre más tiempo para quitar el suero líquido, lo que lo hace mucho más espeso, rico en proteínas y bajo en azúcares o lactosa en comparación con el yogur normal.

Con las peras que recogimos de nuestros frutales hacemos mermelada. Las pelamos, las cortamos en trocitos y las ponemos a cocer con azúcar moreno y el jugo de un limón. Para darle un toque griego, le añadimos clavo y canela. 

En la antigua Grecia, la pera era considerada un manjar divino y un símbolo de fertilidad. Aunque ocupaba un lugar secundario en la dieta diaria en comparación con los higos o las uvas, su valor cultural era inmenso.

Por último, preparamos polos de limón que nos zamparemos el último día.