La luna llena y el poder de nuestro gran cíclope nos ha permitido invocar a Euterpe y Terpsícore.
Euterpe es la musa griega de la música, la poesía lírica y protectora de los flautistas. Su nombre significa "la muy placentera". Terpsícore es la musa de la danza y la poesía ligera; su nombre significa "la que deleita en la danza".
Nos invitan a participar en el mítico Festival de Música y Danza que se celebra en Veguítaca. Reparten unas entradas y, tras deleitarnos con su voces y el armónico movimiento de sus cuerpos, se marchan.
Y comienza el espectáculo. Cada tripulación realiza la danza de los pañuelos de la antigua Grecia y luego algunos de sus aqueos y aqueas cantan, danzan o tocan instrumentos.
En el video os mostramos algunos momentos míticos del festival inspirado por tan placenteras y deleitosas musas. Pero estar delante de estos artistas es conmovedor. Tal vez nos hacemos mayores y el corazón se pone tierno, pero a la vez de divertido, es muy entrañable. Agradecemos de parte de todo el Olimpo tan excelsas actuaciones.
Al final y como parte del Fex de Veguítaca, la extensión del festival, danzamos el "Dai Dai", nos comemos unos deliciosos bizcochos que nos han traído Julia y Sara por ser su último día y felicitamos por su cumple a la momia Gabriel que nos ha traído también un dulce de chocolate. Mil gracias.
Tras la merienda bajamos la intensidad y nos convertimos en alfareros y alfareras.
La alfarería en la antigua Grecia fue una de sus expresiones artísticas e industriales más destacadas. Los artesanos usaban arcilla local y el torno para crear vasijas de uso cotidiano (ánforas, hidrias y quílices). Estas piezas se convirtieron en lienzos donde pintaban escenas de la vida cotidiana y la mitología
El corazón de esta industria estaba en El Cerámico, un barrio especial de Atenas (cuyo nombre dio origen a la palabra cerámica) situado junto al río Erídano. Gracias a la excelente arcilla rica en hierro, los alfareros atenienses lograron exportar su vajilla a todo el Mediterráneo.
Trabajamos con arcilla que endurece sin horno. Realizamos dos cuencos a través de dos técnicas diferentes. En una moldeamos a base de delicados pellizcos. En la otra usamos un molde de metal untado en aceite.
Disfrutamos de la arcilla y nos manchamos las manos. Estas sensaciones tan analógicas cada día tienen más valor.
Y así termina esta divertida jornada donde mostramos nuestros talentos y, como público respetuoso y entusiasta, ponemos en valor el esfuerzo de los compañeros y compañeras.































































