
Iniciamos en Veguítaca la última semana antes del descanso de agosto y lo hacemos con le primer día de la rotación de talleres. Os contamos tres de ellos.



En el Huerto de Laertes recogemos dos plantas con mucho significado en la antigua Grecia: el cártamo y el laurel. Y en el Corral de Eumeo nos solidarizamos con este personaje de la Odisea, el fiel porquerizo de Odiseo. Cogemos escobas, recogedores y manguera y nos dedicamos un ratito a limpiar el corral.



Las plantas de cártamo sembradas en la huerta están ya secas. Las arrancamos y manipulamos su flor convertida en un pequeño cardo pinchoso. De un color rojizo nos llaman la atención sus estambres. El interior del cardo esconde las pequeñas semillas blanquecinas. Recogemos los estambres y las semillas. Las guardamos en unos pequeños sobres. Los estambres los podéis añadir al arroz para darle color; las semillas guardarlas hasta marzo y sembrarlas. Es una planta bonita que germina con facilidad.



El cártamo era apreciado en la antigua Grecia principalmente como sustituto del azafrán y como colorante para teñir tejidos. Conocido también como alazor o falso azafrán, su uso en el Mediterráneo se remonta a civilizaciones prehelénicas.


También recogemos ramas de laurel y las desojamos. Con ellas hacemos unos ramilletes pinchando las hojas en un alambre al que luego colocamos unas cuentas de adorno. La idea es colgar esta corona de laurel hasta que esté seco. Cuando hagan falta podéis usar las hojas para cocinar.



En la antigua Grecia, el laurel era una planta sagrada vinculada principalmente al dios Apolo, simbolizando la victoria, la poesía y la sabiduría. Se entregaban en forma de corona a los atletas vencedores en los juegos, a los poetas laureados y a los guerreros destacados en señal de máxima honra y gloria. Se creía que el laurel tenía propiedades adivinatorias y que el árbol alejaba los malos espíritus, las enfermedades y los rayos.


Y además en la cocina aromatizaba sopas, guisos y carnes facilitando su digestión.


Tras la merienda, en el taller los Viajes de Odiseo, llegamos a la Isla de Eea donde se encuentran a Circe. Este personaje es una poderosa diosa y hechicera hija del dios del sol Helios. Es famosa por convertir a los marineros de Odiseo en cerdos y por ayudar después al héroe en su viaje a casa.



Para recordar ese canto, hacemos con un rollo de cartón y una plantilla un cerdo. Realmente en la Odisea el cerdo no es un símbolo simpático como nuestra manualidad; representa los deseos incontrolados y desmedidos. La poción de esta bruja no cambia a los hombres, sino que muestra el animal que ya eran por las consecuencias de sus actos.



Y para que Circe no nos convierta en guarrinos, como se diría en mi tierra, debemos cuidar la naturaleza y no ensuciar ni el campo ni la playa. Para poner el énfasis en esto, les regalamos unos conos para echar las cáscaras de las pipas y los papelitos y no dejarlos tirados en la arena.



Por último os contamos a que nos dedicamos en esta ocasión en el Taller de Euriclea. Esta anciana es la leal nodriza y sirvienta principal de la familia en Ítaca. Crio tanto a Odiseo como a su hijo Telémaco. Su vida no debió ser fácil ya que fue comprada por Laertes, el padre de Odiseo, en su juventud a cambio de diez bueyes.



Nos está enseñando recetas griegas. Esta vez aprendemos a hacer el tahinomelo. Es una crema untable dulce de origen griego elaborada a base de pasta de sésamo (tahini) y miel. Es una alternativa saludable, altamente nutritiva y energética a otras cremas comerciales como la de cacao o la de cacahuete. Las semillas de sésamo son un alimento muy nutritivo que destaca por su alto contenido de calcio, grasas saludables y fibra.



Estos ingredientes se mezclan a partes iguales. Se suele añadir una pizca de sal y canela. Lo untamos en galletas integrales y lo decoramos con trocitos de plátano y uvas. Esta muy bueno pero hay que comer poquito ya que es una bomba energética.


Y como si fuéramos discípulos del pintor italiano Arcinboldo, le hacemos a Euriclea un homenaje creando su retrato con mitades de frutas, un elemento fundamental de la dieta de todos los lugares bañados por el Mediterráneo.
