miércoles, 9 de septiembre de 2026

El último canto.

Del mismo modo que Odiseo llego a las costas de Ítaca, esta aventura llega a su fin. Pero todo final es un nuevo comienzo. 

Hoy el gran Cíclope despierta, esta vez por última vez. Al instante aparecen Penélope y Odiseo. 

Hablan entre ellos, hablando de sus viajes. Odiseo se da cuanta que lo que ha vivido no es realidad y no fruto de su trastornada mente. Pero aunque la tripulación guiada por Penélope ha llegado a las mismas islas y conocido a los personajes con los que se enfrento su marido, lo vivido por ellas ha sido totalmente diferente. 

Cuando Penélope se marcha con el hacha abandonado por Odiseo, el héroe nos habla de su gran amigo, del único que le reconoció al instante a pesar de ir disfrazado de mendigo, de su fiel perro Argos. Describe con tristeza como Argos tras alegrarse por el retorno de su amo, murió agotado por los años. 

En su recuerdo realizamos una simpática manualidad. La cabeza de un perrito que al alzar las orejas nos saluda. 

Luego la esperada merienda compartida. Agradecemos a las familias que nos hayan invitado a tan delicioso manjar. Gracias por seguirnos el rollo de esta manera. 

Y tras unos bailoteos, bicho bola y ornitorrinco incluidos, envasamos la mermelada de pera, decorando el bote de vidrio y colocándole su debida etiqueta. Y nos tomamos los polos que preparamos en el taller de Euriclea.

También preparamos una hoja para recogernos las firmas en las que pegamos nuestra tablilla de hospitalidad y una sopa de letra que contiene los nombres de los protagonistas de la Odisea. ¿Os animáis a encontrarlos todos?

Y cuando nos estábamos marchándonos aparecieron dos nuevos personajes. Primero Homero que nos agradeció que hubiéramos aprendido la historia de las historias. Y nos presentó a un futuro escritor que siglos más tarde narraría otro cuento fantástico. Con acento inglés nos contó lo siguiente: 

Soy Rudyard Kipling y de chico fui un niño entre dos mundos.

Nací en la hermosa y colorida India en el año 1865. Quienes me cuidaban me contaban cuentos maravillosos sobre animales mágicos y leyendas del lugar. De ahí nació mi enorme amor por la naturaleza y la selva. A los seis años, mis papás me enviaron a estudiar a Inglaterra. Al principio estuve muy triste porque extrañaba los paisajes y el clima de la India, pero me refugié en los libros y descubrí que me apasionaba escribir.

Cuando crecí me convertí en un intrépido viajero. Regresé a la India y me convertí en periodista. Viajé por todos lados buscando noticias, conociendo a exploradores y lugares y gentes increíbles. Todo lo que veía lo apuntaba en mi libreta para después transformarlo en cuentos. Uno de ellos fue el libro de la selva, donde un niño llamado Mowgli vive algo parecido a Odiseo. 

Tanto Odiseo como Mowgli se encuentran atrapados entre la tentación de una vida salvaje y su naturaleza humana. Y ambos dependen de la inteligencia y el ingenio para sobrevivir. A Odiseo le ayuda Atenea y para Mowgli el oso Baloo y la pantera Bagheera asumen el rol de maestros. 

Os deseo un año lleno de aventuras y buenos maestros que os ayuden a crecer. Y el verano que viene os invito a vivir un verano al lado de Mowgli y sus amigos. Os esperamos en Expedición Mowgli: el verano más salvaje. 

Muchas gracias, aqueos y aqueas. Os deseamos una maravillosa odisea a lo largo del curso que comienza. 

martes, 8 de septiembre de 2026

Sea como sea...

Al final de cada jornada, todos y todas gritamos el lema de Veguítaca. Pretendemos así cohesionar el grupo, sentirnos parte de algo único. Nos sirve para poner un punto y aparte a cada día. 

Sea como sea... sea la Odisea. 

lunes, 7 de septiembre de 2026

Los juegos atléticos y el boliche Caribdis.

En la recta final de este verano de aventuras, se incorporan a Veguítaca Sirin y Eugenio. 

Hoy intentamos empezar bajando las revoluciones contando un un relato escrito en las estrellas, el de la azarosa vida de Orión. Pero los biorritmos hoy fueron indómitos. 

Pronto apareció Alcinóo, rey de los Feacios y señor de la isla de paradisiaca isla de Esqueria. Tras contarnos como hizo gala de su hospitalidad acogiendo a un pobre naufrago que luego resulto ser el héroe Odiseo, nos invita a participar en sus famosos juegos atléticos. 

Y tras aclamarlo, quemamos energías participando en las distintas pruebas. Pero nuestras pilas hoy eran premium. 

Participamos en el tiro con arco. Había que atinar en la diana, pasar la flecha por el aro y hacer puntería en el cubo que un temerario puso en su cabeza. 

También lanzamos discos y bolas, poniendo a prueba nuestra fuerza y habilidad. 

Por último lo dimos todo en distintas carreras de relevos; parecía que llevásemos en nuestros tobillos las alas de Hermes el mensajero... no os exagero.

Tras los juegos atléticos en los que prescindimos de la prueba de lucha (ya hay demasiadas fuera de Veguítaca), repusimos fuerzas con la merienda. Aunque hoy traían de casa el deposito a tope. 

La propuesta de taller se la dedicamos a Caribdis, el remolino devorador de barcos. 

Con un vaso de cartón y un corcho, hicimos un boliche muy particular. En este juego tradicional el vaso decorado con naves hundidas representa a Caribdis y el corcho a una nave en peligro. 

El juego consiste en atrapar el corcho unido al vaso por una cuerda con movimientos no carentes de gran maestría. 

viernes, 4 de septiembre de 2026

Alcinoo, Eumeo, Laertes y Euriclea.

A estos personajes de la Odisea dedicamos las actividades que a continuación os contaremos. 

Alcinoo, rey de los Feacios, era muy aficionado a los juegos atléticos. En este taller nos ponemos a jugar con las páginas de este poema épico. 

En esta ocasión afinamos la puntería intentando atinarle al ojo de nuestros divertidos cíclopes. También intentamos hundir la flota de los aqueos de Odiseo como si fuésemos Lestrigones enojados. 

Nos acordamos de Caribdis y Escila. Estos aros cooperativos con los que capturamos a los barcos nos recuerdan a ese torbellino implacable que se tragaba a las naves que se acercasen. Y para que las seis cabezas de Escila no devorase a nuestros marineros, jugamos a estas carreras de naves. 

Nos acercamos al huerto de Laertes, el padre de Odiseo que dedica sus últimos años de su vida a la tranquilidad de su pedazo de tierra. 

Conocemos el rincón del compostaje y las lombrices de tierra. Y olemos las distintas aromáticas del huerto (romero, salvia, orégano, hierbaluisa, tomillo....).

Recogemos algunas berenjenas y los más intrépidos prueban los rojos y picantes pimientos. 

Nos acercamos al azufaifo y recogemos sus saludables frutos. El azufaifo (Ziziphus lotus), también conocido como jinjolero o dátil chino, es un árbol o arbusto pequeño y espinoso que produce un fruto comestible llamado azufaifo. Su alto contenido de vitamina C ayuda a combatir infecciones. Y reduce el estrés y mejora el sueño.

En el Canto IX de la Odisea, Odiseo y sus hombres llegan a las costas del norte de África, al país de los lotófagos. Aunque los griegos usaban la palabra lotos para referirse a varias plantas, los historiadores y botánicos sostienen que el "loto" homérico era en realidad el azufaifo silvestre.

Y disfrutamos de los animales del corral del leal porquerizo de Odiseo, su amigo Eumeo. Los conocemos y les damos de comer. Recogemos los huevos de las gallinas. 

Destacamos el valor de los animales domésticos y la necesidad de que su crianza no sea una crueldad. Aprendemos de las gallinas, los patos, la oca, los conejos y la cabra Jara. 

Y para finalizar os contamos que hemos prendido de la cuidadora de Telémaco y Odiseo, la anciana Euriclea. En su taller nos dedicamos a cocinar.

Hacemos y nos comemos un saludable y rico postre griego, el yogurt griego con miel y nueces. 

La principal diferencia entre el yogur normal y el yogur griego tiene que ver con su proceso de filtrado, la textura resultante y el contenido de proteínas. El yogur griego se escurre más tiempo para quitar el suero líquido, lo que lo hace mucho más espeso, rico en proteínas y bajo en azúcares o lactosa en comparación con el yogur normal.

Con las peras que recogimos de nuestros frutales hacemos mermelada. Las pelamos, las cortamos en trocitos y las ponemos a cocer con azúcar moreno y el jugo de un limón. Para darle un toque griego, le añadimos clavo y canela. 

En la antigua Grecia, la pera era considerada un manjar divino y un símbolo de fertilidad. Aunque ocupaba un lugar secundario en la dieta diaria en comparación con los higos o las uvas, su valor cultural era inmenso.

Por último, preparamos polos de limón que nos zamparemos el último día.