En las asambleas miramos las libretas viajeras y luego hicimos un nudo entre la pasada noche de San Juan y la Grecia antigua. El solsticio de verano era una fecha de gran importancia espiritual. Los antiguos griegos celebraban esta fecha rindiendo culto a Apolo y a Helios. Para honrar a estos dioses y asegurar la vitalidad del astro rey, encendían grandes hogueras en las montañas y plazas. El fuego se entendía como un elemento purificador y de protección frente a los malos espíritus y la mala suerte.
Invocamos a Creofilo de Samos que nos habla de la importancia de acoger a quien nos necesita, del poder de "la xenis", un elemento muy importante en la Odisea. Narra la existencia de los contratos de hospitalidad. Quienes lo hacían escribían sus nombres en una tablilla de metal, luego la rompían por la mitad y guardaba cada uno una parte. Luego nos hemos tomado la licencia de pensar que al finalizar esa estancia, aquellas tablillas se quemaban o fundían, liberando a esas gentes de aquel vínculo.
Los aqueos y aqueas de Veguítaca hace su tablilla de hospitalidad, poniendo en el su nombre. Y lo parten por la mitad. El gran cíclope custodiará una parte y la otra nos las quedaremos en las asambleas.
Hay dos aspectos importantes en la buena convivencia. Uno ser capaces de hacer cosas juntos pensando en la colectividad; otro dejar atrás los malos rollos para que no fastidien las buenas relaciones. Por esa razón, realizamos juegos cooperativos con la capa de colores de Apolo.
Además, escribimos los malos rollos en un papel, los manteamos y luego dejamos que el fuego los convierta en humo (perdón por contribuir a la huella ecológica).
Tras la merienda en la que la morera sonríe de nuevo al acoger a esta pandilla de mirlos, Poseidón toma el mando. Y, a su salud, nos damos un buen remojón.
Jugamos con los barreños de agua, la pista deslizante, las pompas y, finalmente con el cañón de espuma. Y resistimos todas las inclemencias de la furia de Poseidón; realmente el no está enfadado con nosotros ya que somos cordiales con nuestro gran Cíclope. Sabéis que su cabreo superlativo con Odiseo fue por que cegó el ojo de su hijo Polifemo.
Para finalizar, contamos con un joven cosedor de versos, con Telmo que nos narra dos mitos griegos.
Una mañana muy intensa y divertida donde le damos la vuelta a la realidad.


























Precioso como siempre
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