Esta mañana ha finalizado el primer turno del verano, donde los aqueos y las aqueas han navegado por las páginas de la Odisea.
Ayer se incorporaron algunos nuevos miembros a las tripulaciones a los cuales les dimos la bienvenida.
Nada más iniciar la mañana y ante los ojos del gran Cíclope, apareció Odiseo. Estaba abatido. Nos cuenta que la guerra de Troya le dejó sin ánimos y bastante trastornado. Su ardor guerrero le provocaba ahora mucha amargura. Incluso al llegar a su hogar no supo solucionar los problemas más que con tretas y la violencia.
En el último canto Atenea le dice: "¡Hijo de Laertes, de linaje divino, Odiseo rico en ardides! Contente, abandona la lucha igual para todos, no sea que Zeus se irrite contigo". A partir de entonces decide abandonar las armas y hoy nos entrega su hacha enfundado en son de paz.
No sabe si su viaje fue real o es fruto de una mente atormentada que inventa mil historias con tal de no enfrentarse con la realidad. En ese momento aparece su amada Penélope y le saca de dudas. Ella realizó el viaje de Odiseo acompañada por una tripulación de mujeres viudas de Ítaca. Y conoció todas las islas y personajes de su epopeya. Pero como iban en son de paz, el resultado fue muy diferente.
Antes de marcharse, invitan a los habitantes de Veguitaca a decir no a las guerras. Y pare ello les insta a usar un símbolo, los juegos de corro donde miramos por los demás, donde juntos y juntas hacemos cosas más grandes que nuestro tamaño y que todos los tamaños.
Cuando se marcha leemos un mensaje de Atenea, la diosa de la sabiduría, que nos habla con palabras sencillas y muy explicadas de los que significa una guerra para los niños y las niñas que la sufren. Luego iniciamos una ronda de juegos. Pasamos por tres estaciones donde con la ayuda de unos mapas marcamos distintos lugares en guerra. Y nos divertimos con distintos juegos de corro como símbolo de paz.
Las sillas, el corro de sonidos, pato pato cua, el corro de culo, seguir al rey o los aplausos son algunos de ellos.
Tras finalizar los juegos nos lavamos las manos y nos damos unos aplausos limpios. Y agradecemos esa merendilla tan rica que vamos a compartir. Y con la barriga llena bailoteamos un rato.
Para terminar la mañana hacemos una chapa de "No a la guerra" y hacemos una pancarta contra las guerras. Además elaboramos una manualidad donde pegamos nuestro contrato de hospitalidad y en cuyo reverso recogemos las firmas de las amigas y amigos.
Y así terminamos esta intensa jornada deseando vivir nuestras propias odiseas tranquilos y en paz.
























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