En la recta final de este verano de aventuras, se incorporan a Veguítaca Sirin y Eugenio.
Hoy intentamos empezar bajando las revoluciones contando un un relato escrito en las estrellas, el de la azarosa vida de Orión. Pero los biorritmos hoy fueron indómitos.
Pronto apareció Alcinóo, rey de los Feacios y señor de la isla de paradisiaca isla de Esqueria. Tras contarnos como hizo gala de su hospitalidad acogiendo a un pobre naufrago que luego resulto ser el héroe Odiseo, nos invita a participar en sus famosos juegos atléticos.
Y tras aclamarlo, quemamos energías participando en las distintas pruebas. Pero nuestras pilas hoy eran premium.
Participamos en el tiro con arco. Había que atinar en la diana, pasar la flecha por el aro y hacer puntería en el cubo que un temerario puso en su cabeza.
También lanzamos discos y bolas, poniendo a prueba nuestra fuerza y habilidad.
Por último lo dimos todo en distintas carreras de relevos; parecía que llevásemos en nuestros tobillos las alas de Hermes el mensajero... no os exagero.
Tras los juegos atléticos en los que prescindimos de la prueba de lucha (ya hay demasiadas fuera de Veguítaca), repusimos fuerzas con la merienda. Aunque hoy traían de casa el deposito a tope.
La propuesta de taller se la dedicamos a Caribdis, el remolino devorador de barcos.
Con un vaso de cartón y un corcho, hicimos un boliche muy particular. En este juego tradicional el vaso decorado con naves hundidas representa a Caribdis y el corcho a una nave en peligro.
El juego consiste en atrapar el corcho unido al vaso por una cuerda con movimientos no carentes de gran maestría.























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