jueves, 8 de septiembre de 2022

El Conejo Blanco y el Tiempo.

Esta mañana, a la hora prevista, apareció el Conejo Blanco, un nuevo personaje salido de las narraciones de Lewis Carroll. 

Inquieto y revoltoso dió vueltas a nuestro alrededor moviendo el hocico. Pero de repente se detuvo y nos dijo que ya está harto de tonterías. El es un conejo elegante. Y que si vemos a Alicia, que le digamos que persiga a otro, que el ya no tiene tiempo para ese juego. 

Pero nos invita a divertirnos con otros donde el tiempo sí que cuenta. 

De su maleta sacó un reloj y nos habló de que hay un tiempo para cada cosa y una cosa para cada tiempo.

Y después de decirnos que aprovecháramos el tiempo para luego poder "bien gastarlo" en lo que nos apetezca, salió pitando. 

Y le hicimos caso. No perdimos ni un segundo en ponernos a jugar con cosas sencillas con las que inventábamos divertidos retos donde el tiempo era un compañero de juegos. 

El té engorroso, en el que había que colocar la bolsita de infusión sobre el gorro. 

Las catapultas, en el que empleamos cucharas para lanzar chapas dentro de unos recipientes de colores. 

O las pulgas, donde el objetivo es botar en la mesa una pelota de ping-pong e introducirla en un vaso. 

También jugamos a realizar torres con vasos o con platos y vasos de cartón.

Y a cambiar de posición vasos hasta que aparecía el de color rojo como si fuese un extraño ascensor. 

Un séptimo juego consistia en meter raudos canicas en unas botellas.

El reloj de canicas era otro muy ruidoso y divertido en el que pasamos las canicas de una botella a otra unidas por las bocas. 

Y el noveno el boliche latoso, en el que probamos nuestra habilidad con este juguete a dos manos. 

Reponemos fuerzas con la merienda y luego, el esperado manguerazo. Intentamos gastar poca agua, que no está el tema como para malgastarla. Jugamos con los barreños llenos de agua arrojándola con vasitos unos a otros. 

Y el cañón de espuma blanca como el conejo con el que disfrutamos como si nos metiésemos en un cuento y jugásemos en las nubes. 

Y mañana... el final también tiene su tiempo. Hoy lo sabemos bastante bien. 

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