miércoles, 12 de julio de 2023

Capítulo VIII: Artax y la Ciudad de Plata

Nos enfrentamos a nuevos retos en el Mar de Hierba, completando con ilusión la docena de pruebas. 

En las asambleas compartimos las historias sin fin de las libretas viajeras e imaginamos, leyendo la descripción de la novela, distintos personajes. Estos días nos centramos en Xayide, una bruja inquietante y turbadora, con un ojo verde y otro rojo que le inculca deseos inadecuados a Bastián. 

También dibujamos a este chico a Baltasar Bastian Bux, que en su viaje por la novela tiene dos descripciones, la suya real (un niño gordo, pálido y bajito) y la soñada en Fantasía. Al final de la novela se reconcilia con su imagen al completar esa ruta donde alcanza su autoestima. 

Nos convertimos en Hombres y Mujeres de Hierba y superamos los retos de quienes conocen muy bien a los Búfalos Purpúreos. Lanzamiento de peso, tiro con arco, velocidad, lanzamiento de jabalina, salto de longitud... actividades que curten el carácter. 

Los pieles verdes, como también los llamaban,  tenían el pelo de color negro azulado e incluso los hombres lo llevaban largo y, a menudo, en trenzas, y su piel era de un color verde oscuro que tiraba un poco a castaño, como el de las aceitunas. Llevaban una vida sumamente sobria, severa y dura, y sus hijos, tanto los chicos como las chicas, eran educados en el valor, la nobleza y el orgullo. Tenían que aprender a soportar el calor, el frío y las privaciones y poner a prueba su arrojo. 

En el taller de los Dos Colonos completamos las actividades de la semana pasada, el collar ritual de los Pieles Verdes realizados con plumas, cuentas de madera, de arcilla y de cartón. 

También finalizamos el papel vegetal del que presumen algunos. En ellos los gnomos realizan sus anotaciones prácticas o teóricas. 

Y limpiamos a los animales y les damos de comer. Aprendemos que tener estos amigos requiere un esfuerzo para que se encuentren sanos y a gusto. 

En la huerta recogemos laurel, una planta con multitud de usos medicinales y culinarios. Es importante que conozcamos nuestras plantas y les demos nombre. Tal vez solo así consigamos que existan. 

Y recolectamos tomates de ensalada y cherry, auténticas chucherías. 

Sacamos un hueco para transformar los limones en polos que nos refrescarán el último día. 

Tras la merienda seguimos con los talleres.

En la Biblioteca de Amarganz terminamos de ver la película de la Historia Interminable. Mientras lo hacemos, realizamos una manualidad con las letras de inicio de los veintiséis capítulos del libro. Un mémori. Estos dibujos originales nos muestran gran parte de los personajes y paisajes de esta aventura. 

La película que ha envejecido regular, termina en el capítulo doce, el la L. Y el final es infumable, por eso lo hemos evitado. No porque un film sea para gente menuda, tenemos que hacer una gracieta sin sentido que va absolutamente en contra del espíritu del relato. 

Esa biblioteca se encuentra en Amarganz, la ciudad de Plata

Todos contemplaban admirados la ciudad de Amarganz, que relucía ante ellos a la luz del sol. El lindero del bosque estaba en una altura y desde allí se disfrutaba de una amplia vista sobre un gran lago, de color casi violeta, rodeado por todos lados de colinas igualmente boscosas. Y en medio de aquel lago estaba Amarganz, la Ciudad de Plata. Y cada casa y cada embarcación eran de plata, de una plata finamente cincelada y artísticamente decorada. 

Las aguas color violeta del lago eran tan saladas y amargas que, a la larga, nada podía resistir su poder destructor… nada, salvo la plata. El lago se llamaba Murhu o Lago de las Lágrimas.

Este paisaje lo plasman nuestros artistas con distintos elementos: cola coloreada de amarillo, papel de aluminio y tempera violeta aderezada con sal. 

Al tiempo, en el taller de los personajes, hacemos un homenaje a uno de los caballitos más famosos: Artax, el corcel de Atreyu. 

Era moteado y pequeño como un caballo salvaje, tenía las patas fuertes y cortas y, sin embargo, era el corcel más rápido y resistente a la redonda. Todavía llevaba silla y bridas, tal como lo había traído Atreyu de la caza.

Su recorrido en la novela es tan corto como noble y su final ha provocado muchas lágrimas. Lo hacemos con un trozo de cartón, unas plantillas, un poco de lana y unas pinzas. Son unos artistas. 

Siempre tenemos que dejar cosas atrás para seguir adelante, pero esta es otra historia que será cantada en otro momento.  

martes, 11 de julio de 2023

Capítulo VII: Vetusta Morla y la vida lenta.

Ya habíamos escuchado sus lamentos y hoy sonó su profunda voz entre los ecos de nuestra acequia. En corro la escuchamos con atención, era la voz de Morla, la anciana tortuga del Pantano de la Tristeza. Su soledad es tal que habla consigo misma y su desilusión y desidia no tiene límites. Tal vez te vuelves vetusto cuando pierdes la esperanza. 

Escuchamos su voz que decía:

Mira vieja, mucho tiempo hacía que no nos movíamos del Pantano de la Tristeza. Pero qué importancia tiene, muy poco para nosotras. Y mira vieja, pequeños humanos en el Mar de Hierba, hablando rápido, moviéndose rápido como si algo de lo que hacen fuese urgente o importante

Somos viejas, pequeños y pequeñas, demasiado viejas y hemos vivido bastante. Hemos vivido demasiado. Para quien sabe tanto como nosotras nada es importante ya. Todo se repite eternamente: el día y la noche, el verano y el invierno…, el mundo está vacío y no tiene sentido. Todo se mueve en círculos. Lo que aparece debe desaparecer, y lo que nace debe morir. Todo pasa: el bien y el mal, la estupidez y la sabiduría, la belleza y la fealdad. Todo está vacío. Nada es verdad. Nada es importante.

Pero Atreyu es muy cabezota y nos ha pedido que os hagamos una visita, verdad vieja. No sé si saben que soy Morla, la vetusta tortuga y que como nadie me visita hablo conmigo para no aburrirme. Atreyu ya está mayor, pero no tanto como nosotras. Es sabio, pero no tanto como nosotras. Y vieja, sigue siendo un guerrero con esperanza.Y fíjate, me ha pedido que invite a la lentitud a estos niños y niñas que parecen moscas zumbando de un sitio para otro, hablando rápido y fuerte sin enterarse de nada. Este es el reto: tenéis que superar pruebas donde lo que importa es hacerlo todo muy, muy, muy despacio. 

Pues que tengáis suerte, aunque si no la tenéis tampoco es importante. Pequeños y pequeñas, todo es inútil y aburre. Vieja ya les hemos transmitido el mensaje. Ahora hacer lo que queráis y ¡dejarnos en paz!

Y eso hicimos, la dejamos hundirse en su ciénaga y nos pusimos a jugar. Pero en esta ocasión, la clave era la tranquilidad y la lentitud. 


Uno de los retos consistía en pasar muy despacio sin tocar los hilos de un circuito. Había que proceder en cámara lenta. 




Otro, moverse por el espacio hasta que nos convertíamos en trolls petrificados. En ese momento, pasase lo que pasase, nuestra única opción era la quietud. 




En el tercer reto debíamos hacer una carrera de tortugas, desplazando un aro al tiempo que enrollábamos la cuerda en un palo circular. Avanzaban con gran lentitud, que de eso se trataba. Y recorremos una línea de ladrillos desplazando lentos pero seguros nuestros pies para no perder el equilibrio. 


Al final, nos reunimos en corro y nos quedamos en silencio, detenemos también nuestra voz. 


Tras la merienda intentamos ahuyentar el calor con un poco de agua y espuma, parecidas a las babas que correa Morla cuando surge de la ciénaga. 


Nos refrescamos con moderación, que sin agua si que no hay esperanza. Entre todos debemos ser conscientes de su gran valor. 


Y ya sabemos cuales serán los siguientes seis retos... pero esa es otra historia que en otro momento será contada. Primero debemos vivirla ¿o está ya escrita como ocurre en el ciclo sin fin de la Historia Interminable? No. La escribimos al tiempo que la soñamos. 


sábado, 8 de julio de 2023

Capítulo VI: Los Yskalnaris y el agua de vida.

Cuando estaban nuestros pequeños y pequeñas "fantasios" coloreando a uno de sus mayores enemigos el hombre lobo Gmork, si es que es posible dar color a ese ser de la Nada, de repente ocurrió algo de cuento. 

Bueno, en el Mar de Hierba todo es de cuento. Caminando despacio y, atravesando la entrada del Templo de las Mil Puertas, llegaron tres caminantes procedentes de la Ciudad de Mimbre. Antes les precedieron bandadas de pájaros negros que nos sobrevolaron. Al correr hacia ellos levantaron el vuelo y se disiparon formando una niebla cenicienta.

Es cierto que aunque nos causó sorpresa, Atreyu nos había avisado. Nos anunció la llegada de yskalnaris que nos retarían a colaborar juntos a pesar de ser diferentes. 

Cuando Bastián deseó tener una comunidad llegó a Yskal, la ciudad de Mimbre. En ella encontró una armonía sin límites. Nadie discutía y todo se realizaba de un modo cooperativo. Pero se dió cuenta, navegando en el Mar de Niebla, que allí el individuo no contaba, que era prescindible. Lo complicado y realmente maravilloso es encontrar una comunidad entre gentes diferentes. 

No lo dudamos un segundo y les demostramos que lo que para ellos es un imposible para nosotros es cotidianeidad. Y lo hicimos del modo que más nos motiva: jugando. 

Jugamos con la tela de colores, con el peléle y las sogatiras. Unimos fuerzas e ilusiones para conseguir retos mayores que nuestro tamaño y que todos los tamaños.

Satisfechos, tras la merienda nos dispusimos a disfrutar del Agua de Vida. Eso sí, con moderación. En la Historia Interminable el agua tiene la importancia que merece, es la última puerta que atraviesa este niño para retornar con su padre contento de saber realmente quien es.

Pero luego saltó sencillamente al agua cristalina, se sumergió en ella, resopló, salpicó y dejó que una lluvia de gotas centelleantes le corriera por la boca. Bebió y bebió hasta calmar su sed. Y la alegría lo llenó de la cabeza a los pies, alegría de vivir y alegría de ser él mismo.    

Resoplamos, nos salpicamos y dejamos que la lluvia de gotas corra por nuestra piel. Y el agua se convierte en espuma de la que también disfrutamos a tope. 

Pero antes, y ayudándonos unos a otros, que esto va de eso, nos damos cremita para que el sol no haga de las suyas. 

Y por cierto, corre un rumor por la acequia, murmullos de alguien que hablara consigo mismo... pero esa es otra historia que será contada en otra ocasión.